Fragmento de Vivencias; Inmigración y lengua

Fragmentos de Vivencias. Inmigración y lengua, temas sensibles y emocionales.

(fragmento a partir de la página 126)

emigrante: iniciativa y riesgo

La cosa es sencilla, la gente no emigra por placer o porque no le guste su país, esencialmente emigra para encontrar trabajo y buscar una vida mejor[1]. Su país de origen, aunque les duela (y no lo comenten mucho) les dio muy poca cosa, casi no les dio nada. Ni empleo, ni sanidad, ni escuela. A menudo, lo que les negó fue una buena parte de su dignidad. Si no te puedes ganar la vida, ¿cómo queda tu dignidad? En su país de origen, el emigrante nota que tiene un techo de cristal, no puede progresar más. Por mucho que trabaje nunca podrá pasar de capataz, y a capataz solo se llega después de años de reverenciar servilmente al señorito. Digamos las cosas claras, emigran a tierras lejanas las personas jóvenes, decididas, con iniciativa, con capacidad de riesgo y con voluntad de progreso. Emigran aquellos que no esperan que del cielo llueva café por milagro o por gracia del patrón. Emigran gentes con aspiraciones. Sobre todo, emigran los que tienen iniciativa, una virtud muy mal vista en una sociedad regresiva (que les expulsa) y muy apreciada en una sociedad dinámica (que les acoge). Se emigra en busca de oportunidades. Se quedan las gentes que disponen de menos dosis de estas virtudes tan apreciadas por las élites de los lugares de destino (burguesía) y tan poco valoradas por las élites de sus países de origen (señoritos). La clave está en las élites. Las élites que dominan. Las élites con poder, la burguesía, los señoritos. En todas partes, las élites marcan la cultura.

El emigrante, joven, decidido y con iniciativa, se siente culturalmente a gusto en su nuevo país cuando éste le ofrece oportunidades y respeta su dignidad. Por esto, aunque se hable otra lengua, se encuentra a gusto. Se autorealiza. No solo trabaja asalariado, sino que rápidamente emprende negocios. Ahorra, compra, vende, estudia, asciende, se casa con la más guapa, se casa con el más guapo. Se integra. Se integra culturalmente, porque todo esto es cultura. Porque la cultura no son solo las artes, la música clásica y los museos. Cultura es una forma de vivir y de convivir. Y esta forma de vivir y convivir de su nueva tierra le satisface. El inmigrante que es mínimamente bien tratado se integra. Cultura es compartir unos valores sociales. Y la iniciativa, la capacidad de riesgo, la voluntad de progreso, no parece que fueran muy bien aceptadas por las élites de sus viejas sociedades de origen. Un toque de alerta: no se trata de negar que la burguesía saca provecho del inmigrante (también lo sacaba el cacique en su pueblo), la cuestión es que ahora tiene trabajo, cobija y su dignidad ha mejorado mucho.

En Cataluña, nadie lo cuestiona, se trató bien a los inmigrantes. Al igual que la España del siglo xxi ha tratado y sigue tratando bien a los inmigrantes extracomunitarios actuales. En ambos casos somos ejemplo en Europa. Si no, salgan, salgan y vean lo que pasa en muchas comunidades de inmigrantes del norte de Europa. Vean las periferias de muchas periferias urbanas de Europa.

Las élites y los políticos de las regiones españolas emisoras de emigración, a mi entender, mejor que se callen. No tienen reivindicación ninguna que hacer. Solo tienen responsabilidades dolosas a esconder. Es ridículo ver como la nueva estrella del PSOE, Susana Díaz, habla como si los catalanes con raíces andaluzas fueran de su propiedad. Tengo la clara sospecha que estos discursos que disfrutan tanto denostando la burguesía catalana, la de antes y la de ahora, no son más que cortinas de humo y justificaciones ideológicas de unas élites sin capacidad emprendedora. Élites aculturadas en la holgazanería aristocrática, conservadoras y burocráticas hasta la médula. Élites acostumbradas a vivir del trabajo ajeno. Élites que se han apoderado del Estado y lo utilizan solo para su provecho. Élites que se aprovechan del Estado para repartir favores tramposamente[2]. Los andaluces estaban hartos de los señoritos. Por eso se tuvieron que ir. Más de un millón de hijos de andaluces se sienten bien Cataluña porque su única épica fue la de quien ha trabajado de lo lindo y se ha hecho un lugar en un país donde funciona el ascensor social. Un ascensor social que, después de 36 años de democracia, todavía no acaba de funcionar en otras regiones de España.

de inmigrante a Presidente

Cataluña fue siempre tierra de inmigrantes. De los 7,5 millones de residentes en Cataluña en 2012, 1,3 millones nacieron fuera de España (17%): son los recién llegados en el boom de la última década. Provienen de gran variedad de nacionalidades, con cerca de medio millón de latino de americanos (482.000) y un cuarto de millón de magrebíes (225.000). Otros 1,4 millones nacieron en el resto de España (18%), lo que corresponde a grandes trazos a la onda migratoria de los años sesenta, más o menos la mitad de ellos procedentes de Andalucía y Extremadura. En resumen, más de un tercio de los residentes (35%) nacieron fuera. Si a este 35% le añadimos los que por lo menos tienen un progenitor nacido fuera, se alcanza el 70%.

Por si hubiera alguna duda de la integración de los inmigrantes en Cataluña, José Montilla Aguilera la desvanece totalmente. Montilla nació y se crio en una aldea del municipio de Iznájar, a orillas del Río Genil. En 1971 llegó a Cataluña con sus 16 años de adolescente. Como muchos, combina trabajo y estudios de FP. Entra jovencito en la clandestinidad antifranquista y en menos de 14 años es alcalde de una ciudad metropolitana, Cornellà de Llobregat. A pesar de la profecía del que fue ministro Jordi Sevilla, «todavía es pronto para que el presidente de la Generalitat sea un charnego»,[3] en 2006 es elegido Presidente de la Generalitat. Su fluencia en catalán no es extraordinaria, hasta el punto de que reconoce que toma clases de dicción. Nadie expresa la mínima crítica sobre este tema.

¿Quién puede negar que el ascensor social funciona? Hablando del emigrante, Candel decía: «Este hombre acorralado solo desea una cosa: que la tierra a donde llega le sea favorable, y quiere que sus hijos cojan y admitan todo lo que encuentren bueno, incluso aquello que él, por sus callosidades, ya no podrá coger: el idioma, las costumbres, la cultura...» Los inmigrantes arriesgan, tienen iniciativa, gestionan tenazmente su capacidad de riesgo y triunfan. Los inmigrantes van a tierras donde sus gentes valoran estas virtudes. Los inmigrantes no buscan señoritos, buscan espacios de oportunidad.


Fragmento LENGUA     (a partir de la página 129)

el tren de la promiscuidad

Experiencia vivida y fácilmente vivible.Sábado por la tarde. Tren de cercanías en dirección a Barcelona. Un grupo de siete jóvenes de entre 20 y 24 años. Dos parejas y tres sueltos, chicos y chicas. Acicalados, todos con sus móviles y sus vestimentas modernas y arregladas. Denotan estatus social medio. A pesar de la crisis, no parecen desempleados. Conversación informal y alegre. Comentarios de trabajo, ironías y bromas entre ellos. Es evidente que son amigos de hace tiempo. También es evidente que salen de fiesta, ¿una cena?, ¿un concierto? Cualquier cosa por el estilo. Es la situación soñada por cualquier antropólogo en trabajo de campo. Desde un asiento cercano se les puede observar y escuchar sin que sean conscientes de que se les observa y escucha. La mezcla de catalán y castellano resulta impresionante. Y apasionante. Hay tres que solo hablan en castellano, los otros cuatro cambian de lengua en función del destinatario del mensaje. Todos lo entienden todo, y también lo mezclan todo. Alguno llega a empezar una perorata en castellano, pero al girar la cara, al cambiar el foco visual comunicativo, sin solución de continuidad, cambia al catalán. Como quien dice comienza una frase en una lengua y la termina en la otra. Simplemente porque se cruzó con una mirada atenta y puso énfasis en algún detalle que podía interesar al «nuevo» destinatario. No son conscientes de que lo hacen. Curiosamente, una de las parejas habla en castellano entre sí, pero ambos, por separado, hablan en catalán con los demás. Antropólogos y sociolingüistas están invitados a presenciar esta promiscuidad lingüística por el precio de un billete de tren de cercanías.

 


[1] Ahora mismo hay un montón de universitarios españoles que están emigrando a Alemania.

[2] No deja de ser reveladora toda la historia de la estafa de los ERES.

[3] Por cierto, el Sr. Sevilla desenterró esta palabreja que hacía décadas que nadie pronunciaba en Cataluña.

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